Un millón de estrellas Por Omar Salinas Ledesma

El título de esta sección no puede ser más adecuado, mirar hacia arriba y darnos cuenta lo maravilloso que es el cielo, aunque también nos puede complicar la vida con fuertes lluvias o días de mucho calor y lo que hacemos es buscar la manera de poder sobrellevar las situaciones, pero al final él mismo nos regala paisajes con una luna llena hermosa o noches llenas de estrellas. Así es la vida de los papás, que inicia desde el embarazo y no es nada fácil porque está lleno de complicaciones, sobre todo para la mamá, porque tiene que lidiar con los antojos, los bochornos y el aumento de peso, por mencionar solo algunos y pues al papá le toca ser muy paciente y muy considerado con la esposa y ayudarla a llevar todas esas situaciones de buena manera. Llega el día en el que nace él bebe y claro, es un momento muy feliz para los papás, poder conocer por primera vez a su hijo, uno de esos momentos que uno guardará en el corazón para toda la vida, pero también comienzan las responsabilidades, inician las vacunas, las idas al pediatra, las desveladas y todos esas cosas que ya se saben. Además de los momentos increíbles, como cuando dice su primera palabra o da sus primeros pasos, podemos ver con mucho orgullo cuando ingresa por primera vez a la escuela. Mi hijo entró a primero de primaria y les quisiera decir que este viaje de ser padre o madre es como dos caminos en uno solo, el camino de los retos y las complicaciones que nos presenta la vida, pero al mismo tiempo está el camino de los logros y momentos felices e inolvidables que vive uno como familia.

Uno muy importante, el primer día de escuela, que en particular nosotros trabajamos desde antes y hablamos mucho con nuestro hijo de sus nuevos amiguitos, de su maestra, a tal grado que él solito nos preguntaba —¿Ya casi entro a la primaria? Algo que nos ayudó mucho fue involucrarlo en la compra de sus útiles y de su mochila eso lo ayudó a sentir mayor seguridad y vimos como lo disfrutaba, y la misma pregunta salía a la luz, llegó por fin el día y los nervios con él, el miedo a algo nuevo y diferente surgió en nuestro hijo, pero uno le tiene que dar la seguridad y la tranquilidad de que estamos apoyándolo y estamos orgullosos, al final nos hemos dado cuenta que todo valió la pena,  ahora sale de clases con esa sonrisa en su carita y lo que le dejaron de tarea y que la maestra revisó sus ejercicios, que conoció nuevos amiguitos, ese sentimiento se tiene que seguir alimentando y en las tareas vemos esa oportunidad donde juntos estudiamos y practicamos los números, las letras y como dice mi papá, todo lo hacemos como jugando, tratamos de que no sea aburrido el hacer tareas y hacemos el momento divertido y muy familiar. Eso nos ayuda a todos a seguir inculcando el gusto por la escuela y seguimos fortaleciendo los lazos familiares, nuestro viaje apenas comienza y ha sido de muchos retos y mucho aprendizaje pero también de muchas alegrías y momentos inolvidables. Posteriormente les platicare las nuevas aventuras.

 

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publicado en la revista @creamoisrevista

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Ser y comenzar a hacer. Por: Omar Salinas Ledesma.

Soy papá de un hijo maravilloso y les puedo platicar con toda honestidad que ser padre me hizo detenerme a pensar en cómo ser uno bueno, cómo no decepcionar a mi hijo como no decepcionarme a mí mismo como papá. Estas preguntas poco antes del nacimiento de mi hijo me hacían que perdiera el sueño, pero después de pensar mucho en esto y de tener una plática con un amigo mío, llegué a la conclusión de que lo mejor que puedo hacer por mí para quitarme esta angustia y por mi hijo, es ser un buen ejemplo de valores, sé que esto lo hemos escuchado y leído en muchos lados pero si lo analizamos profundamente encontraremos el sentido de estas palabras, yo, les comparto, que inicie por cambiar algunas actividades que hacia los fines de semana para pasar más tiempo con mi hijo y mi esposa como por ejemplo dejar de ir al futbol con los amigos; empecé a trabajar más en los valores y actividades del hogar como no gritar en la casa, no decir malas palabras delante de mi hijo, ya no salir con los amigos y llegar a altas horas de la madrugada, ayudar en las actividades del hogar como lavar los platos, ser lo más responsable en el trabajo y solo dejar de ir a trabajar por causas de fuerza mayor. Suena cansado pero si lo vemos con calma, son cosas de todos los días, pero hacer lo posible por dar el ejemplo a mi hijo me hace sentir feliz y sentir tranquilidad emocional, porque lo que le digo que haga o que deje de hacer son cosas que yo con el ejemplo hago y también dejo de hacer. No quiero dar un consejo, pero me gustaría pedirles a los padres que de verdad vale la pena hacer un esfuerzo, démosle el ejemplo a nuestros hijos sin regaños y sin golpes es mejor educar con amor, decirles las cosas y poner el ejemplo. 

 

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¡De inmediato!

Ayer apenas era una pequeña, una bebé que comenzaba a caminar y yo insistía, como muchos compañeros de la misma causa, esa de ser padres, en que mi hija me necesitara con urgencia que me dejara saber lo importante que era que yo estuviera cerca de ella mientras quería comer, estar seca, ser abrazada, y luego se enfermó y se volvió aún más importante estar presente y yo estaba maravillada por lo importante que yo era para la vida de estos pequeños dos ojos.

De inmediato la atendía, ella me llamaba y claro que se hizo necesario que de inmediato le prestara atención, quisiera que no sonara como una confesión para liberar culpa, porque sí, no pasa un día de la semana en que  no piense que me equivoqué. Porque han pasado los años y mientras iba creciendo iba creciendo mi necesidad de detener ese ataque contra mi persona, yo quería que me necesitara, pero también quería que respetara mi espacio de tiempo, había momentos que ni estando en el baño la detenía.

Un día, creo que fue porque casi me caigo, debido a que me gritó desde la planta baja de la casa, pensé que algo estaba pasando y salí tal y como estaba, alcancé a sujetarme del pasamanos para no caer. Cuando llegué, sólo quería una cuchara para el cereal que se estaba comiendo, suspiré, fruncí los labios y llegué hasta el cajón de la cocina, y cuando puse el pie en el primer escalón para regresar a la actividad que interrumpí, pensé en lo que estaba a punto de venir, mi hija era una odiosa, nadie le iba a querer después de que yo muriera desnucada por haber caído en la bañera…

Me regresé y le quité la cuchara de las manos a mi hija de ya cinco años, exploté con furia votando la cuchara en el lavaplatos, vociferé que estuve a punto de morir por su falta de sentido común, que a partir de ese momento ella debía ser capaz de acercarse lo que necesitara y que estuviera en la casa, que me gritara sólo si sentía un temblor y yo no, o si la casa se incendiaba, estaba atónita, yo seguía en traje de Eva, se levantó por el otro lado de la mesa y en silencio sacó una nueva cuchara, me pidió que me calmara y que mejor regresara a terminar con mi baño. Así lo hice, respiré hondo y aunque tuve momentos de culpabilidad por mis gritos, quise utilizar mi momento de reflexión y no dar tregua al nuevo momento. En nada en lo que tuviera posibilidad de hacerlo por ella misma, debía yo intervenir, yo tenía que trabajar en verdad dejando incluso de anticiparme a sus pensamientos.

Hoy mi hija tiene trece, es bella e independiente, dispuesta a trabajar para lograr lo que quiere, incluso en la escuela no tengo que dar seguimiento, en verdad es una niña feliz. Y aunque hoy que lo cuento suena como una transición fácil, tengo que asegurar que no lo fue, ha costado cada día, por lo menos hasta los 9 años, luego incluso decirle que era semana de exámenes me causaba problemas, me contesta—Mamá no te preocupes, sé cual es mi trabajo.

Eso sí, nada me exime de seguir preguntando por lo que le pasa, estar pendiente y sobre todo, abrazarla a menudo para que sepa cuánto la amo, aunque ya no le prepare la mesa, ella lo hace todos los días para las dos.

 

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Creamos5

El vendedor de sueños

Íbamos casados caminando después de un largo día, donde tuvimos que dejar el automóvil con el mecánico porque algo no le sonaba bien a las llantas. En éste lugar, como en muchos Estados de la República, el transporte público es muy complicado por no decir “malo”, quien lo diseño no se preocupó por el usuario sino por cubrir un servicio y sus concesiones, eso me parece.

Mientras caminábamos me iba sorprendiendo con la fluidez del lenguaje de mi acompañante, cuando llegamos a la puerta de la casa pude ver claramente que lo que me estaba pasando era que yo estaba frente a un vendedor de sueños, no pensé que existiera y me lo encontré y me sentí entusiasmada por la vida, es posible que creyera que era un mal día porque traía poco dinero en la bolsa, cargaba cosas de más porque había dejado el auto y parecía que había mucha más gente en la calle de lo normal. Estaba preocupada porque mi acompañante, mi pequeño de 10 años caminaba y se abría paso entre los cruces y las calles sin puentes, porque también las vialidades se piensan poco para la gente. Estaba él vendiéndome la  idea de caminar hasta la casa (aproximadamente 20 kms) —Sí, mira será nuestra oportunidad de conocernos mejor, hablar de cosas que a veces no podemos y no vas pensando en el auto por el camino, vamos viendo el peaje y saludando, por otro lado vamos agarrando experiencia caminando por las calles, ¿no es que siempre has querido que tenga seguridad andando por la calle?

Además me dijo que nos ejercitaríamos, era fácil comprar la idea, pero cuando me acordé del tramo carretero que habría que caminar donde ni siquiera existe un acotamiento, decidí no hacerlo.

Me vendió la idea para dejarlo ser músico, ingeniero, millonario, padre de familia, benefactor… luego subimos por fin a un camión repleto de personas, donde el conductor con unas 80 vidas a su cargo contestaba su chat de Facebook, y me dijo que se la había pasado bien en el camión salvo por el miedo de ver al conductor chateando sin importarle nada, me dijo que odiaba que la gente se interesara tan poco por su trabajo, luego se detuvo y me convenció de detenerme a verlo contemplar el cielo azul que se despedía con el sol, a pesar de lo cansada que estaba,  (ya quería llegar) decidí sentarme y contemplar, fue delicioso escuchar su voz, seguir hablando sobre la mirada de la gente en el camión, lo buenas personas que eran a pesar de que todas venían de sus trabajos y de lo bonito que es encontrarse a otros preocupadas por los demás, porque alguien le cedió el asiento.

No hablamos de cansancio, sino del disfrute, de que aunque no haya condiciones perfectas, hay una gran oportunidad de comprarse un sueño y vivirlo, mientras el cielo nos cobije.

@Dearmommy

@unmillondeestrellas

 Puedes encontrar éste y otros artículos en revista Creamos @creamosrevista

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Además me dijo que nos ejercitaríamos, era fácil comprar la idea, pero cuando me acordé del tramo carretero que habría que caminar donde ni siquiera existe un acotamiento, decidí no hacerlo.

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No hablamos de cansancio, sino del disfrute, de que aunque no haya condiciones perfectas, hay una gran oportunidad de comprarse un sueño y vivirlo, mientras el cielo nos cobije.

@Dearmommy

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artículo promocionado en revista creamos #3

Sentase para comer 

Si te entra la desesperación y prefieres corretear a tu hijo para que coma “con tal de que lo haga”, detente. Los malos hábitos los inculcamos nosotros y luego querrán (te lo digo por experiencia) hacer las cosas de pie y no solo comer, espéralo a que llegue a la mesa para que coman juntos.